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por Igone Aldana Carretero (*)
semblanzas

Me desesperas

Lo nuestro iba a ser solamente un rollo. Un amor de verano, una historia donde el final estaba más cerca que el comienzo y tenía fecha de caducidad temprana. Nos conocimos una tarde fresca de mayo, todavía recuerdo qué llevabas puesto, lo que me impresionaste, lo pequeño que me hiciste sentir. Y acabábamos de conocernos. No fue una muy buena impresión por mi parte, lo reconozco. Me pareciste tosca, carente de detalles, vulgar por momentos.
Pasaron los meses y ahora son ya nueve años. Y sigo sin soportarte porque, todavía hoy, hay días e incluso semanas en las que, pese a estar contigo, me siento vacío, me haces sentir vacío. Porque eres extrema; o demasiado fría o demasiado caliente. Ni siquiera te atreves a probar un término medio, lo quieres todo o nada y al hacerlo, se te olvidan las primaveras que pudimos compartir. Eres dama elegante de día y puta descarada de noche. Y ya no me quedan parques donde esconderme de tus caprichos.

Tal vez sigo obsesionado porque me diste todo cuando más te necesitaba. Y tal vez me desesperas porque me viste demasiadas noches llorando, reclamando tu cuidado, sintiéndome vulnerable. Pero ahí sigues tú, sin dormir, sin reparar en el daño que me causa tu adicción, recordándome sólo los buenos momentos para hacerme caer de nuevo a tus pies cada vez que intento alejarme.

Comenzamos compartiendo noches de fiesta, cervezas en Gran Vía de madrugada, cigarros en un banco de Lavapiés, cócteles imposibles en locales de moda, cenas y almuerzos en bares con serrín en el suelo. Tabernas, bares, tascas y bodegas donde me escuchaste reír, me viste bailar, me invitaste a salir y a acompañarte. “Vamos, sigamos hasta que el sol despierte. Caminemos descalzos, busquemos otro bar. Y luego seguimos amándonos, aunque por la tarde nos odiemos. Vamos a exprimirnos las ganas, vamos a destrozar la noche”. No podía decirte que no.

Las mañanas siguientes te maldecía y lo seguiré haciendo. Me agotas. Me desesperas. Sacas lo peor de mí.

No sé ya contar las veces que te fui infiel. Conocí muchas otras buscando enamorarme, tratando de encontrar alguna más perfecta que tú. Y lo hice, las tuve frente a mí y dormí en ellas, aproveché cada segundo a su lado, sin acordarme de ti. Fueron muchas, demasiadas, pero no lograron atraparme, porque no eran tú. Y te echaba de menos. Aún hoy, años después, sigo fantaseando con ellas, recordando sólo a las que me dieron noches como las tuyas, pensando en las que todavía no conozco y que prometen cumplir mis sueños. Te confieso que de vez en cuando hago las maletas y voy en su busca dejándote aquí, esperando a que tú también me eches de menos. Pero eres orgullosa y no lo dices, porque sabes que voy a volver. Porque siempre termino volviendo a ti.

Me presentaste extraños, hiciste que brindara por ti con gente de paso, con rockeros, hipsters, pijos y hasta desquiciados. Lograste ser protagonista en nuestras conversaciones. Eso te hace más fuerte aún, saberte el centro de todas las charlas, saber que tu nombre se repite una y otra vez. Y te da igual si es para maldecirte o adorarte.

También pensé demasiadas veces escribirte una canción, a ver si así reparabas en mi presencia, si me encumbrabas, si lograba conquistarte, pero eso ya lo hicieron otros muchos antes de mí. Lo que sí hice fue recorrerte sin sentido, tratando de conocer todo de ti. Aunque es imposible. Eres cambiante, te aburres fácilmente de ser siempre la misma y te conviertes en un laberinto difícil de memorizar, para que nadie salga de ti.

Por eso también te quiero; porque nadie se enamora de ti, tú haces que se enamoren; seduciéndoles como lo hiciste conmigo y da igual de dónde vengan o dónde vayan después de probarte. Porque sabes que siempre te quedas en sus cabezas, porque eres Madrid.

 

(*) Igone Aldana Carretero. Escritora y periodista UPV-EHU (Universidad del País Vasco - Euskal Herriko Unibertsitatea).

 


 

Fotografía: Patricia Lacalle Tarín.