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por María Laura Liscano (*)
opinión

Una Venezuela en el olvido y en el pasado

 

Santiago de Chile, Chile. De nuestra corresponsal.

Venezuela, durante años, fue sinónimo de riqueza y hasta de país modelo de Latinoamérica. Pero hoy, ese gran gigante petrolero, sólo es sinónimo de crisis y pobreza.

Después de diecisiete años del llamado “modelo chavista”, Venezuela es un ejemplo claro de malas políticas públicas, en que la desidia y la corrupción son las protagonistas de un país que está a oscuras. Este escenario, sumado a la escasez, la inflación y los asesinatos a diario, es similar al de un país en guerra. Y es que existen cifras que, por meses, el gobierno de Maduro intentaba esconder, para no dejar al descubierto su total ineptitud.

Suena ilógico pensar que el gran país petrolero de América del Sur esté atravesando por uno de sus peores períodos y que se encuentre en una crisis humanitaria por escasez de alimentos y medicinas. Cuando escribo esto, sólo puedo recordar el genocidio ucraniano en 1933, también conocido como Holodomor, en el que más de un millar de personas murieron de hambre bajo el régimen de la extinta Unión Soviética. En este contexto, pareciera que la técnica de control de la población a utilizar en Venezuela es la hambruna, a pesar de que su gobierno se niegue a aceptar la presente crisis y, peor aún, a recibir ayuda humanitaria de otros estados.

“Suena ilógico pensar
que el gran país petrolero
de América del Sur esté
atravesando por uno de
sus peores períodos y que
se encuentre en una crisis
humanitaria por escasez
de alimentos y medicinas”.

La crisis venezolana ya dejó de ser netamente política o económica: es un tema social y humanitario, pues la falta de medicamentos e insumos médicos trae consigo de manera intrínseca negar el derecho a la vida a cientos de enfermos, que ven empeorar su situación de salud; o a los miles de habitantes que a diario salen a la calle en búsqueda de alimentos por los diferentes establecimientos.

Ante la petición de suministros básicos, el “no hay” es la tónica para la gran mayoría de los productos, lo que implica que la población venezolana hoy se está alimentando mal y, en el mediano plazo, pueden llegar a existir casos de desnutrición. Es por ello que en febrero pasado, el parlamento venezolano declaró la crisis humanitaria por escasez de alimentos e instó a Nicolás Maduro a buscar la ayuda necesaria para evitar la hambruna. Así mismo, pidió que la Organización de Naciones Unidas envíe a expertos para que evalúen los riesgos de la salud alimentaria en la nación.

Pero la soberbia del gobierno venezolano hace que se escuden en el discurso ya trillado de Hugo Chávez. Ése de la conspiración internacional, la guerra económica, el sabotaje del sector privado, los intentos de golpes de Estado e, incluso, el ataque de una nave nodriza (como la gran estructura extraterrestre de la película Día de la Independencia).

Hoy por hoy, pareciera no importar que sus malas prácticas y políticas sean las causantes del descalabro y destrucción de un gigante llamado Venezuela. De hecho, da la sensación de que Maduro percibe a la población como si no existiera, y como si lo que pasara con ella, sólo fuera un daño colateral. Claro, por ahora, sólo intenta mantener y hacer perdurar un modelo que, a todas luces, ha demostrado ser un fracaso. Pero lo menos, Latinoamérica entera ya ha empezado a decir que no quiere seguir por ese camino.

Ejemplos dramáticos del poder que ejerce Maduro, hay varios. Dicho eso: ¿cómo explicarle a una madre que a su pequeño con cáncer se le negará el derecho a la vida por la prohibición de ayuda humanitaria? ¿Cómo hacerle entender al venezolano de a pie, que día a día hace un recorrido por distintos establecimientos en búsqueda de productos de la canasta básica (y que no logra conseguir), que esa escasez es producto de la ineficacia de un gobierno y la falta de humildad para solicitar ayuda? ¿Cómo levantamos la alerta de que un país tan rico esté en esta situación y que pareciera no encontrar salida a sus problemas?

En Venezuela se violan los Derechos Humanos, qué duda cabe. No sólo a aquellos habitantes que se manifiestan en contra del gobierno de Maduro, sino que a cada uno de los venezolanos que ven mermada día a día su calidad de vida. Esta crisis, en cualquier país coherente y serio, llevaría a sus gobernantes a renunciar. Pero Maduro no es capaz de entender esta situación.
Por ahora, la cruda realidad de nuestro país queda en manos de la comunidad internacional: el evitar que la hambruna llegue a Venezuela y que se sigan vulnerando los derechos humanos de más de treinta y tres millones de venezolanos, es la tarea urgente e inmediata. Dios mediante.

 

(*) Por María Laura Liscano. Lic. Estudios Internacionales - Universidad Central de Venezuela (UCV) - Analista Político Vocera de los venezolanos en Chile y fundadora de Amigos de Venezuela.