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por Luciano Deraco (*)
opinión

Un perfil de los superhéroes

Corría septiembre de 1991 cuando cuatro series clásicas de DC Comics eran publicadas en Argentina por Editorial Perfil, tomando por sorpresa a propios y a extraños del mundo de las viñetas

Para ser sinceros, no les sobraba nada. Ni páginas, ni calidad y, con el correr de los meses, la falta de criterio editorial no pasaría inadvertida. No obstante, para muchos significó el ingreso hacia un universo desconocido o, por lo menos, dejado de lado: el de los superhéroes.

Al unísono con el creciente florecimiento de la primavera menemista, Editorial Perfil publicaba con un módico precio de venta de quince mil australes (el equivalente de entonces a un peso con cincuenta) cuatro títulos de superhéroes: Batman, Superman, Liga de la Justicia y Flushman —no, no se trata del “hombre inodoro”, sino del nombre vernáculo con el cual, para sortear obstáculos legales, la empresa rebautizó a Flash—. Series clásicas todas, cuyos derechos se compraron a la histórica y poderosa editora americana Detective Comics (vulgarmente conocida como DC).

Los números se exhibían en los puestos de revistas y diarios con amable sutileza. No obstante, para cualquier niño, la calidad de sus dibujos en tapa llamaban poderosamente la atención y claro, también lo hacían por supuesto los guiones, con diálogos y situaciones que distaban mucho de parecer pensadas para un público de infantes.

Es que el cómic ya no era como en los años sesenta y setenta. Sus historias se habían amoldado a la realidad atendiendo a las lógicas de su complejización. La guerra fría, las drogas, la prostitución y el sexo eran ahora de la partida y Editorial Perfil, conciente o no, posibilitó que en Argentina esta nueva mirada sobre los superhéroes y sus circunstancias llegara a nuevos lectores, muchos de ellos neófitos del género.

La aventura comiquera de Perfil brindó la posibilidad de disfrutar una amplia gama de matices durante casi un lustro. Por ejemplo, la afilada e incorrecta pluma de Keith Giffen y Jean Marc De Matteis en La Liga, la mirada por lo menos polémica de Mike Baron ante las relaciones entre Estados Unidos y la URSS en Flash (perdón Flushman), la impronta realista y lúgubre con que Frank Miller sobrecargó a Batman y la fascinante imaginación de John Byrne en su versión de Superman.

Los trazos, en general, no dejaron de estar a la altura y se apreció a celebridades del comics como Kevin Maguire, Bart Sears, Jackson Guice, Dan Jurgens, Jim Aparo y en algún momento, hasta al argentino Calcatena.

Ningún lector podrá olvidar lo frágil de las ediciones: la tapa blanda, el lado inverso con la publicidad de otro título de la colección primero y la innecesaria sección Perfiles después —en la cual, muchas veces se entrevistaba a famosos que poco sabían de superhéroes, disparando declaraciones minadas de paparruchas—, y luego claro, la historia de ocasión. En la traducción de los diálogos a veces se abusaba de la utilización de localismos como “chabón”, “guita” o “mina”, toda una anacronía que revestía de singularidad al asunto, más allá de los gustos.

La célebre sección Chismes y Comentarios, a cargo de Rafael De La Iglesia, nos resumía en menos de una carilla la historia de personajes que aparecían fugazmente o que directamente no aparecían. A veces se abordaban miniseries que nunca serían publicadas.

El correo de lectores podría decirse que funcionaba casi como un ente aparte. Bajo dos seudónimos, el escriba Rascomix y el Profesor Wierdo, “alguien” se esforzaba por responder todo, desde las preguntas más insólitas u originales hasta aquellas repetitivas y con el “no” asegurado desde el vamos.

Las personalidades de estos sujetos eran en absoluto opuestas: mientras Rascomix adoptaba un perfil más bajo y un discurso conciliador y hasta paternalista, Wierdo era ácido y agresivo. Dentro de este bonus de fábula, el lector fantaseaba sobre la verdadera identidad de ambos y señalaba silenciosamente a De La Iglesia como al hombre que se escondía tras las dos máscaras. Tan importante fue el correo de lectores, que en la última época ocupaba casi todas las páginas que no tenían que ver con el episodio o la saga en cuestión.

Para 1993, y gracias al aumento progresivo de las ventas, se editaron nuevas colecciones y miniseries: Liga de la Justicia Europa, Las Aventuras de Batman, Invasión!, Grandes Historias —un híbrido que reunía anuales y comics legendarios que en otros países se editaban en formato prestige— y como consecuencia de una desbordada demanda, La muerte de Superman. A través de la páginas del correo, Rascomix y Wierdo dejaban entrever la posibilidad de editar más títulos como Los nuevos titanes, La Mujer Maravilla o Funeral por un Amigo (precisamente la saga que sucedía a La muerte de Superman). Una negativa era constante: Crisis en Tierras Infinitas, pese a la insistencia, nunca saldría a la venta. Se trataba de una miniserie de 12 capítulos, que en 1985 había transformado y modernizado al universo DC y de la cual se desprendían todas sus publicaciones posteriores incluidas, obviamente, las que editaba Perfil.

Por entonces, esporádicamente comenzaron a colarse en Chismes y Comentarios novedades o noticias de relevancia en el seno de DC, a cargo de un sujeto cuya firma, y siguiendo la lógica fundacional, no escapaba al artificio: el Licenciado G. Saraza.

Algo que caracterizó casi sin excepciones a los comics DC/Perfil era evitar la edición de números dobles o la inclusión de más páginas. Así, los seguidores fueron testigos de bochornosas tapas confeccionadas localmente como la vigésimo novena de Superman o el inaugural de la miniserie Invasión! Lógicamente preferían partir publicaciones que originalmente cabían en un solo ejemplar. Por esto también los seguidores tuvieron que soportar inexplicables crossovers(1) entre la Liga América y la Liga Europa que irritaban, ante todo, porque significaban la compra obligada de otra revista para conocer el desenlace de una historia.

Para 1995 y ante el desfasaje temporal entre algunas de las colecciones (en Superman aún aparecían sagas de 1988 en tanto que en ambas ligas se publicaban números que correspondían a 1991 en la edición americana), se decide barajar y dar de nuevo. Aprovechando la salida en 1994 de Hora Cero, otra miniserie que como Crisis en su momento relanzaba y actualizaba al universo DC, Perfil redoblaba la apuesta. No sólo daba a conocer sus intenciones de publicar esta trascendental saga sino que, además, varias de sus colecciones aparecerían desde cero. Literalmente desde cero. Es decir, Superman, Batman y ahora también La Mujer Maravilla, se editarían desde el número cero y no desde el uno, tal y como había sucedido en Estados Unidos tras la refundación que produjo Hora Cero.

Los fans se relamían, poco importaba que los números regulares costaran un peso más que al inicio. La ansiedad los carcomía vivos y ninguno podía evitar preguntarle hasta el hartazgo al revistero de turno sobre la llegada de Hora Cero… Pero nunca sucedería.
Con la misma sutileza casi silenciosa con la que habían irrumpido en los puestos callejeros apenas tres años y medio antes, los comics de DC, de Perfil, dejaron de aparecer quedando huérfana una generación que conoció, pese a las falencias cuasi grotescas de las ediciones, una faceta de los superhéroes que muchos ignoraban. Un nuevo perfil.


(*) Luciano Deraco. Músico, dibujante, redactor.

 


 

(1) Crossover: interrelación de historias o personajes de diferentes lugares, ya sea de televisión, de cómics entre diferentes editoriales, videojuegos o en el cine. Normalmente son maniobras de mercadeo o publicidad para atraer la atención del público en general.