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por Laura Alejandra Bravo (*)
opinión

Atrapa el pez dorado – David Lynch

El libro que pinta de cuerpo entero al genial cineasta

Versátil, curioso, brillante. Sin lugar a dudas David Lynch es uno de los más talentosos de su generación. Desde Cabeza Borradora hasta la fecha no ha parado de sorprendernos con sus genialidades.

Atrapa el pez dorado es un libro que lo pinta de cuerpo entero. Sus iluminaciones a la hora de filmar una película, su fe en la meditación y su estímulo a volvernos más creativos es lo que vuelca en estas páginas.

Su teoría es que, si pescamos, o queremos atrapar una idea en la superficie del agua, el trabajo no valdrá de mucho. Sin embargo, si lo hacemos en aguas profundas, podremos atrapar un pez dorado.

   
 

“Sentarse frente a un fuego hipnotiza. Es mágico. Me ocurre lo mismo con la electricidad. Y el humo. Y las luces parpadeantes.”

David Lynch

Desde chico quería ser pintor y se inscribió en Bellas Artes. No veía cine hasta que empezó a percibirlo como la pintura en movimiento. Lo que lo deslumbró fue que el cine tenía la potencia del lenguaje. Y eso es verdad, el lenguaje es una concatenación, un eterno fluir. Hay música, efectos, trucos, relatos. No siempre se puede describirlo usando palabras. Siempre nos rebasa, siempre nos excede. Cada fotograma tiene un aliento vital propio.

Unos labios rojos, unos jardines verdes, la canción Blue Velvet y una oreja tirada en el campo fueron disparadores del filme que lleva el nombre de esa canción. Ni más ni menos. Y así se le fueron desnudando todas sus películas. Como quien abre una ostra sin saber que puede contener una perla en el centro.

Visualiza cada proyecto como un experimento. Y quizás lo sea, tal vez sea cuestión de encontrar el laboratorio perfecto y Lynch lo tiene. El lugar indicado para pensar es una cafetería. Una radio encendida puede funcionar como provocación y siempre la intuición, claro, omnipresente.

Lynch cuenta algunas de sus anécdotas y esas pocas páginas son suficientes para leerlo: su encuentro con Fellini, Kubrick eligiendo su ópera prima como película favorita, la incapacidad de explicar qué entrañan la caja y el candado de Mullholand Drive, su gusto por trabajar la madera y la inesperada declaración de que el cine ha muerto son esbozos de una mente gigantesca, que se ha cultivado merced a la espiritualidad.

La fidelidad a uno mismo como estandarte, la explotación de la condición de único son algunos de los valores que se interesa en transmitir. Y él es la prueba de lo que implica ser fidedigno.

El libro derrama un sendero de eventos que rodearon a su filmografía. No comenta en sí las películas sino que las despedaza en fragmentos en las que desnuda técnicas y estrategias para llegar a ser un buen cineasta. Para atrapar por lo menos un pez débil y, por qué no, un pez dorado.

Que lo disfruten. Es un corto y contundente tesoro para nosotros: sus fans.

 

(*) Laura Alejandra Bravo. Redactora de cine, diseño, moda y tendencias.