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por Mariano N. Castex (*)
opinión

Reformar a la Justicia sí, pero así no

Ningún argentino, incluso quienes trabajan meritoriamente dentro del ámbito judicial, niega la necesidad imperiosa de que es necesario luchar por mejorar a la administración de la Justicia, perdida hoy, para mal de muchos, en profundos vericuetos en donde reina la ignorancia, la improvisación, la manipulación, la impudicia, la corrupción y, sobre todo, las luchas intestinas por el Poder, desde sus entrañas para trepar y desde la Violencia del Poder para acrecentar más Poder. En el fondo, la Justicia –de la que habla el Ejecutivo Nacional- es fiel reflejo de la realidad argentina, mal que nos pese. De una sociedad que con el “gestito” socarrón y sobrador (con el que se suele caracterizarnos en el exterior) mira para el otro lado, vota pensando en su bolsillo y sabe aullar bien cuando se lo tocan. Jusmeso para el ascenso y narciso omnipotente cuando alcanza la cumbre. Pocos muy pocos piensan siquiera en los intereses de la Nación.

En estos días, en nombre de un pueblo desculturalizado por completo, en donde grandes masas ignoran hasta el significado de lo que implica la independencia de poderes, acostumbradas o hartas –según el nivel alcanzado de educación- de asistir a diario a un parlamento que se ha arrodillado y castrado devotamente ante el mandato de un liderazgo claramente psicopatológico y afectado por el denominado sindrome de Hybris –una forma de aferramiento al PODER con mayúscula y que hace varios años describió quien esto firma como lujuria del poder en una Argentina Psicótica, se está votando el otorgamiento de la suma del poder público a un líder. No nos engañemos empero, hace rato que desde el estrato más alto se votó por la entrega de este todo, cuando el grito del “vamos por todo”, y medio país calló y otorgó, plegándose sin chistar a un sistema claramente totalitario, hábil en extremo –forzoso es reconocerlo- en manipular la buena fe pública.

Hoy, con el acontecer diario, ese grito se asimila al sieg heil que costó al pueblo más culto de centro Europa el sepultarse en sus ruinas entre millones de seres incinerados por la locura popular que lo aullara. Increíblemente hasta el último día uno de los actores más geniales de la propaganda política, persistió con sus falacias hasta que concluye asesinando a sus seis hijos y a su esposa para luego inmolarse en forma ignominiosa.
Guste o no guste, los sucesos locales que han dejado sin habla a más de un ciudadano medio reitera aquí y ahora, las grotescas tragedias que ornan la historia de la humanidad. La Constitución Nacional no existe ya, pues desde las altas cumbres se mofan de ella. Vivimos una dictadura que así como se instauró sin que el ciudadano se percatara de ello, tiene ahora los medios para despojarse de su máscara y exhibir las formas más refinadas de violencia. Están ingresando y se acrecentarán sin duda alguna, si no despertamos a tiempo. Quienes tenemos conciencia de ello debemos exigir la unión de los argentinos para volver a los ideales de Alberdi y de los auténticos padres de la Patria, convertidos por la desfachatez de la neohistoria en títeres de Podrecca.

Es hora de hablar claro. Se quiere el cambio no sólo de la Justicia, sino de todo el sistema político. Pero no así, traído por una desfachatez e impudicia que asombra, que no tiene nada de democrático y cuyas metodologías de dominio a través de una constante mendacidad acaban de desposeer a la República de su esencia más sagrada: el sistema republicano, representativo y federal. En efecto, invocando la democracia se acaba de ingresar a la autocracia, traicionando a la Nación. Que se dice “socialista”, pero que de ello no tiene nada, ya que en la tradición política argentina la honestidad y la austeridad de vida caracterizaron siempre a las corrientes socialistas. El único rescate de este desastre populista sólo puede nacer en una estrecha unión de corazones republicanos, con dirigentes que piensen en la Patria y no en sus propios liderazgos. Cambio sí, con urgencia, pero NO ASÍ.

 

(*) Mariano N. Castex. Doctor en Medicina, Médico Legista, Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica, Licenciado en Filosofía, Licenciado en Teología.

 


 

Artículo publicado en Forense Latina - Edición 14 / Mayo 2013