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por Juan Pablo Garibotti (*)
opinión

El Papa Francisco tampoco es Charlie

 

 

"Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible".
Mahatma Gandhi
 

Al ser consultado sobre el atentado al semanario francés Charlie Hebdo, el Papa Francisco —sin nombrar a la revista— respondió: “Tenemos la obligación de hablar abiertamente, de tener esta libertad, pero sin ofender”. Y agregó: "No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás. No puede burlarse de la fe. No se puede”, reiteró.

El pontífice concluyó que estas personas "provocan" y estimó que "hay un límite a la libertad de expresión". "Cada religión tiene dignidad, cualquier religión que respeta la vida y la persona, y yo no puedo burlarme. Y este es un límite (...) en esto de la libertad de expresión hay límites ”, dijo también a los periodistas.

Luego de las palabras del papa Francisco, considerando una ofensa las fuertes sátiras del semanario francés Charlie Hebdo hacia distintas religiones, la ministra de Justicia de Francia,  Christiane Taubira, respondió: "se puede dibujar todo, incluso un profeta". La funcionaria del gobierno francés hizo esta declaración durante su asistencia a los funerales de uno de los dibujantes asesinados en el ataque al semanario. Por supuesto, tienen razón. Verdad revelada que se puede dibujar lo que sea. Sin embargo, esa acción no puede llegar a quedar necesariamente sin consecuencias: jurídicas, sociales, políticas, morales.

De hecho, hoy en día, en muchos países, por sólo citar un ejemplo, el mero dibujo de una esvástica puede ser duramente sancionado y castigado como acto de xenofobia. Extrañamente, no se piensa igual frente a lo que estos dibujos les ocasionan a los musulmanes.

Y sin ir tan lejos, las meras ofensas racistas entre deportistas (o entre deportistas y espectadores) reciben sanciones pecuniarias, federativas y sociales, cuando no, jurídicas.

La ministra Taubira agregó: "En Francia, el país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos el derecho de burlarnos de todas las religiones". El mensaje estaba claramente dirigido al Sumo Pontífice, quien días atrás condenó los ataques terroristas a los miembros de la publicación Charlie Hebdo, pero que en las últimas horas fue cuestionado por los medios por haber moderado su defensa de la libertad de expresión.

No puedo pasar por alto que los medios —como generalmente suele ocurrir— buscan mantener la polémica azuzando figuras públicas con el solo objetivo de vender, o buscando los resquicios que permitan suposiciones o inferencias que reaviven la polémica y los dolores. Es por eso que casi ningún medio señala lo obvio. Hay dos violencias diferentes. Y ambas pueden ser condenadas, cada cual en sus respectivos ámbitos.

Por un lado, reitero, es indudable que se trata de dos violencias de distinta índole. Quienes toman las armas, ofenden el valor más preciado: la vida de las personas. Quienes esgrimen el verbo, a través de la palabra y sus dibujos, en casos extremos como el del semanario Charlie Hebdo y otros, pueden dañar otros valores como el honor, la intimidad, la libertad religiosa, el derecho a no ser ofendido en las propias creencias, etc.

Si alguien se arroga un derecho a burlarse como derecho absoluto, o como derecho relativo, pero pasible de pena, no debería espantarse ni sorprenderse de que otros justifiquen lo injustificable, por ejemplo, el derecho a tomar la vida de los que los ofenden, aun como derecho relativo y pasible de pena por ir contra el ordenamiento jurídico que castiga a quien mata. Y la escalada de violencia podría avanzar sin límite, porque se habría perdido el respeto y la capacidad de tolerar al prójimo, más allá de la diversidad.

Yo me pregunto si los líderes occidentales que defienden a ultranza la libertad de expresión a costa de la ofensa al pueblo musulmán, no están escondiendo en este argumento otros intereses "non sanctos". Probablemente sí. Y esa es materia de otro debate.

No imagino el sentido del humor ni la reacción que les provocaría a los occidentales ver chistes que jueguen con sus posiciones actuales y lo acontecido, en particular a quienes hoy creen y dicen ser Charlie.

Supongamos que un afiebrado dibujante, en un infeliz acceso de humor negro, se atreve a dibujar una viñeta que refleje que la alegría del gobierno francés se debe a que puede mostrar al mundo que (tras el atentado y la muerte de los dibujantes) hay mayor oferta de trabajo. U otra, que muestre que no todos los dibujantes del mundo están de luto: algunos están contentos porque al fin se han creado vacantes de trabajo en Charlie Hebdo.

Serían chistes crueles, despreciables, herirían la susceptibilidad del pueblo occidental, en especial el francés. Habría algunos occidentales que hasta con dolor, tendrían la capacidad de reír. Por fortuna, nadie tomaría las armas por ello para procurarse revancha y tomar represalias. Sin embargo, ese tipo de humoradas cada vez y semana tras semana, dejaría una herida abierta. Y eso, exactamente eso, es lo inadmisible.

Supongamos que el mismo dibujante afiebrado, en otro acceso de humor negro, pero de trasfondo religioso, bromea con la virginidad de María, ridiculiza la crucifixión de Cristo o desacraliza a los santos. Sería burla lisa y llana, y también sería inaceptable.

Es curioso que la ministra de Francia, el país madre de las Revoluciones modernas y su lema inmortal de "Libertad, igualdad y fraternidad", sólo se estanque concienzuda y deliberadamente en la libertad, y no comprenda que debe sopesarse junto a la igualdad y más aún, a la luz de la fraternidad. Me permito aclarar que fraternidad es un sinónimo de hermandad y por extensión de amistad y camaradería. Si hay algo que falla en los dibujos de los periódicos como Charlie Hebdo es tomar a su público ofendido como pares, iguales y mucho menos, actuar en un plano de hermandad.

Sin mucha religión mediante, casi evitándola, resalto el principio materno-social: "No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo".

 

(*) Juan Pablo Garibotti / Abogado, Psicólogo, Productor General de Razones.