editorial
 

Las mismas razones

Diciembre trajo RAZONES. El número dieciséis. El primero de esta nueva etapa tras siete años de ausencia en papel, aunque de ininterrumpida presencia en la web. La revista, un número especial, con notas preparadas por gente muy querida; auspiciantes, los que siempre nos apoyaron en forma incondicional y algunos nuevos, que alientan a seguir. La tapa, hecha por gente de fotografía y el diseño del director; los dibujos y fotos, hechos especialmente a pedido, para ilustrar contenidos. Y en la parte de humor: un dibujante nuevo, amigo de amigos. ¿Qué más se puede pedir cuando se trabaja así, a pulmón, con gente tan colaboradora y entusiasta?
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Y sueño con publicar más notas, cuentos, poesías, un artículo de algún corresponsal del exterior como siempre hasta ahora, tener una sección de humor más nutrida y una revista con más ilustraciones. Sueño y sigo soñando.

El 24 a la noche, Papá Noel me trajo un DVD de mi banda de rock favorita y un libro. Justo. Como si hubiera adivinado que a todos mis contactos de facebook les deseé feliz rock and roll para 2015. Lo extraño es que al señor de traje rojo no lo tengo agregado entre mis contactos, y sin embargo parece haberme leído. Y eso que nunca, ni siquiera de chico, le escribí cartitas. Eso siempre me pareció aburrido.

Pero lo mejor de todo fue el libro de regalo. ¿Cómo fue que se le ocurrió regalarme una biografía de Fontanarrosa? No soy un enamorado de sus dibujos, pero sí del humor. Y en la medida que lo he leído, un poco aquí y otro poco allá, cada día valoro más a El negro, con minúsculas, como a él le gustaba firmar.

¡El humor es tan importante en la vida! Puedo decirlo con claridad y sin temor a parecer exagerado: con quienes puedo reír en la vida, soy feliz. Absolutamente.

Pero qué interesante esta biografía: cómo rescata etapa por etapa la vida y obra del dibujante, su escalar casual e involuntario; su vínculo con colegas, jefes y directores; la fidelidad por sus amigos. También puede vislumbrarse al artista en el entramado de revistas pequeñas, incipientes y otros medios, más populares y bien encumbrados. Como puede verse que el placer de expresar lo dilapidaba por igual en unos u otros lugares. No importaba si era la famosa tira que duraría 20 ó 30 años, o las viñetas que ilustrarían 3 ó 4 ejemplares de un proyecto que quedaría trunco por falta de dinero; o una publicación que despertaba amores y por eso entregaba hasta sus primeros dibujos, los celosamente guardados, los inéditos.

Y siempre hubo proyectos truncos, ya no por falta de ganas y energías, porque éstas en los verdaderos artistas no se pierden ni se gastan, sino que se reconcentran para el siguiente proyecto.

Es imposible no recomendar los recortes y selecciones de material que ha hecho Horacio Vargas para contar esta riquísima historia de vida. Como imposible es no tentarme a transcribir uno de los más risueños pasajes, en el que se descubre el vínculo de Fontanarrosa con Les Luthiers, con quienes trabajó por más de 30 años: "El intolerante Jorge Maronna no quiere ver mi aceitunado rostro cerca del escenario. Aduce que mi expresión imperturbable ante las gracias y las monerías de Les Luthiers lo acongoja y desazona. Me culpa, incluso, de sentirse obligado a apagar las luces de la sala para no verme. Pero yo sé que apagar las luces de la sala es habitual en los teatros. Para peor, estoy siempre ubicado muy cerca del escenario, debido a que las entradas con que me pagan Les Luthiers son siempre preferenciales. Ellos están convencidos de que yo integro la barra brava de Rosario Central y suponen que para mí es natural recibir entradas para la reventa. Pucho López Puccio es rosarino, como yo. Pucho es, entonces, quien procura explicar al sensitivo Maronna que mi inexpresividad es propia del hombre del interior, de aquel criollo que conserva el gesto tradicional de la tierra, la impavidez mineral, la oquedad del cerro. Que mi rostro indino ha sido tallado por lluvias, escarchas, pamperos, caídas del cordón industrial y flojas campañas de mi equipo favorito hasta perder su tonicidad muscular. Pero que por dentro (explica Pucho) estoy riendo permanentemente. Porque eso es lo que me ocurre con Les Luthiers. Conozco los mecanismos que manipulan para alcanzar el humor, conozco cómo finalizan sus chistes, he colaborado, incluso en el corte y confección de algunos retruécanos (los mejores, seamos francos) y, sin embargo, invariablemente me causan risa."

Ahora sí, tras conocer más de la vida del humorista, ya me gustan muchísimo más sus dibujos.
Pero quiero quedarme con un pasaje crudo y realista, un breve diálogo del autor y la reflexión del dibujante Manuel (Aranda), sobre la edición de una revista rosarina que vio la luz en menos oportunidades de las esperadas: Risario, proyecto de trabajo que compartió con Fontanarrosa.

"—ES CURIOSO, PERO RISARIO TERMINÓ SIENDO VALORADA CON EL PASO DEL TIEMPO —reflexiono ante Manuel.

—Es verdad. Incluso hay gente hoy en día que me pregunta por qué dejamos de sacarla. Entonces yo les pregunto si la compraban. "No", me respondían. "Bueno, por eso dejamos de hacerla"."

 

Juan Pablo Garibotti / Productor general de Razones

 


 

Ilustración / Andrea Avagnina